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En enero la canicula hace trizas cualquier voluntad. Soy malopara el calor pero la gata Rebeca es peor. Enfundada en amplio pelaje el verano ñuñoíno le debe parecer sofocante. En todo caso, Rebeca descubrió un secreto para escapar del calor, se esconde en una canasta de mimbre. Y así pasa las tardes. Por ejemplo ayer, luego de tres horas de dormitar dentro del capacho vegetal, la gata se desperezó, estiró sus patas, arqueó la espalda, se enrolló en la dirección opuesta y siguó durmiendo.

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